domingo, 6 de agosto de 2017

Lo que calla esta campaña de silencios

Por Jorge Fernández Díaz (*)

El chavismo ha reconocido repetidamente la influencia ideológica del primer Perón, pero lo cierto es que éste prefirió irse a desatar un derramamiento de sangre. Algunos intelectuales kirchneristas le exigen ahora a Maduro que meta bala como aquella juventud sindical le reclamaba a Perón que exterminara a los "zurdos" insurrectos de los años 70; esa segunda vez, el General no se hizo rogar: persiguió a sangre y fuego a los montoneros y a los trotskistas del Ejército Revolucionario del Pueblo que lo desafiaban. Muchos militantes de la izquierda peronista que repudiaron el militarismo de Montoneros, que luego se integraron a las tradiciones republicanas y que confraternizaron con las socialdemocracias del mundo, que defendieron la libertad y los derechos humanos y que lucharon contra toda violencia política, contra el terrorismo de Estado y contra el partido militar, convalidan hoy un régimen militarizado que desprecia a las centroizquierdas por "reformistas", que viola las instituciones "porque son trucos de la derecha", que ejerce la represión estatal con ejércitos siniestros y grupos parapoliciales y que además practica el asesinato de estudiantes, el encarcelamiento de opositores y la censura de disidentes. A esto se agrega el hecho de que la izquierda peronista democrática soñó siempre con una gestión virtuosa que no hambreara al pueblo, desgracia que alcanzó solita y sola la administración bolivariana, a pesar de que el "imperio norteamericano" continúa comprándole el petróleo para que siga subsistiendo en medio de sus autoinfligidas calamidades.
El triunfo de la revolución cubana puso de moda el guevarismo, y éste penetró el movimiento peronista con resultados trágicos en los años de plomo. El triunfo del "socialismo del siglo XXI" en Venezuela, auspiciado por los cubanos, puso de moda el populismo autoritario en América latina e infestó un peronismo que tenía tradicionales vicios populistas, pero al que hasta entonces no se le había ocurrido la absurda idea de volver al 45 y que había evitado juiciosamente radicalizarse. Ese peronismo se mezcló con antiguos estalinistas (Diana Conti se jactó de serlo aun después de aceptar las masivas carnicerías de Stalin) y con fascistas de manual que los habrían "cazado" con gusto durante los momentos álgidos del setentismo. Néstor hablaba pestes en privado de Chávez, pero su viuda cayó hechizada por el lenguaraz, y de hecho su último gobierno siguió los consejos del comandante y extremó posiciones como nunca se había visto desde la restauración democrática de 1983. Fue como si imaginariamente ella les dijera a los viejos simpatizantes de la izquierda peronista y a algunos marxistas leninistas reconvertidos que su evolución democrática era resignada, y que debían retroceder a los "patrióticos" casilleros jacobinos de la juventud. Muchos lo aceptaron emocionalmente, sin reflexión profunda, puesto que nada se añora tanto como volver a ser joven y no hay nada más amargo que la intemperie para alguien que perdió la fe. Estos izquierdismos recargados que se habían sumergido en las aguas depurativas del glamour del fracaso (perdimos porque éramos los mejores) decidieron de pronto que Venezuela era una meca y, ahora para no admitir aquel grueso error, combinan la ceguera con una denuncia antiimperialista que no tiene ningún asidero en la realidad. Pudieron abandonar a Perón, pero no consiguen abandonar a Maduro. La soberbia se lo impide.
Existe una simpática frivolidad en muchos progresistas que siguen hablando de la dictadura del proletariado, pero no soportan la menor transgresión de lo políticamente correcto. Escrutado a fondo, ningún progre que se escandaliza por el machismo, el maltrato a los animales o la xenofobia del lenguaje podría justificar hoy en día lo que de verdad significa una revolución: mordazas, purgas, prisión y fusilamientos de seres humanos. Los progres defendían las ocurrencias de La Habana, pero se cuidaban de no vivir bajo esa incómoda opresión, y ahora sostienen con alegría inflamada la receta de Caracas, aunque desde los acomodados barrios de Buenos Aires, donde al menos no escasea el papel higiénico. Desde el triunfo de Alfonsín, la simpatía por Cuba era folklórica; en cambio, la adhesión al chavismo es menos inocua, porque una subsidiaria ideológica llegó a encumbrarse en la Casa Rosada, porque retiene importantes parcelas institucionales y porque amenaza con ganar las elecciones bonaerenses y regresar al poder.
La existencia de este proyecto contrario a la república, enmascarado porque es piantavotos, perturba toda la democracia y les imprime tensión a la política y a la economía. Todos tienen miedo: los peronistas "traidores", los jueces, los periodistas críticos, los empresarios y, sobre todo, millones de ciudadanos de a pie que sólo anhelan un país normal. Ese miedo se palpa en el aire y se traduce de diversas maneras (también en la compra de dólares o en la renuencia de los inversores a poner plata hasta que escampe) y constituye un fenómeno relativamente nuevo en nuestro país. Contrariamente al sentido común y la convivencia política, el cristinismo formula en secreto una autocrítica insólita que toma el camino inverso: en lugar de reconocer que la performance económica resultó mala y que los avances sobre las instituciones fueron excesos inadmisibles para esta sociedad, han llegado a la conclusión de que su derrota se debió a que fueron demasiado flojos con el enemigo; se prometen a sí mismos ser más impiadosos en el próximo turno. La opción por el "antisistema" explica la deslegitimación que le imprimen a Cambiemos y la negativa a cualquier tipo de acuerdo parlamentario con el gobierno constitucional y con los otros bloques legislativos. Estamos en presencia de una facción cuyo fin último es doblegar al resto, excluir a los discrepantes y no participar jamás del sistema de partidos políticos ni del sanador juego de las alternancias.

Es por todo esto que muy pocos kirchneristas alzaron la voz para castigar las aberraciones del chavismo y que nadie reprendió a Hebe de Bonafini, que esta semana escapó de la gran estrategia de simulación del corderito patagónico y manifestó el deseo cristinista de acallar de una vez por todas a los medios de comunicación: "¿Cómo podríamos hacer para tapar los canales? -se preguntó-. ¿No podemos poner algún pibe que invente poner negro todos los canales que tienen ellos?". Tampoco casi nadie reprobó las palabras de Guillermo Moreno: "¿Viste las mujeres radicales el olor que tienen?". Imaginemos a un dirigente del oficialismo diciendo lo mismo sobre las mujeres peronistas y tendremos una idea del nivel de escándalo que a esta altura habría en nuestra patria, y también del tamaño de la hipocresía que experimentamos. Y que se refuerza con estas palabras antológicas: "No queremos que le vaya mal al Gobierno". La Pasionaria del Calafate se está haciendo adicta a las bromas sublimes. Hace unos días, en vísperas de la sesión para proteger a Julio De Vido, alguien muy cercano a ella les transmitió a sus "soldados" del Congreso una sentencia mucho más honesta: "Vamos a demostrarles a todos quién tiene el poder y después de las PASO vamos a demostrarles quién tiene la calle". El asunto prenuncia la organización de una escalada de conflictividad justo cuando parece que por fin ha comenzado tímidamente la reactivación. Todo sea para que la bandera bolivariana triunfe en octubre. Ése es el gravísimo secreto a voces que calla esta campaña de silencios.
(*) Jorge Fernánmdez Díaz. Periodista, escritor, analista político. Artículo publicado en La Nación el 6 de Agosto de 2017

La gran adicción argentina

Por Agustín Monteverde (*)

La prédica de políticos y economistas de los diferentes partidos instaló hace tiempo en la sociedad la idea de que el desequilibrio fiscal obedecía a los llamados subsidios económicos —dirigidos a empresas— y a que los recursos son insuficientes por la elevada porción de economía informal.
Ø  La postura de que el déficit fiscal obedecía a los subsidios a empresas está entroncada en la idea de que hay una parte de las erogaciones que conforman el llamado gasto social, que debiera ser intocable.
Ø  Por ello, los subsidios económicos eran candidatos ideales para cargar con la culpa del desequilibrio porque —supuestamente— derivaban fondos públicos hacia empresas privadas, con fines de lucro y sin propósitos sociales.
Ø  Los candidatos, y economistas de sus respectivos equipos, explicaban a los votantes que el déficit podría ser eliminado recortando exclusivamente esos subsidios
Ø  Hoy los subsidios económicos tienden a desaparecer y, sin embargo, el déficit no ha hecho más que crecer. La razón es sencilla: los subsidios económicos equivalían en su apogeo a 3% del PBI, mucho menos que el desequilibrio que arrastran las cuentas públicas.
Ø  Lo que ha estado errado es la misma concepción de partida. No hay tal diferencia entre gasto social y otro que no lo es, por la sencilla razón que todo el gasto es social. No hay porción alguna de gasto en que su eliminación no afecte a gente que se beneficia de él directa o indirectamente.
Ø  Los beneficiarios indirectos de los subsidios económicos eran millones de clientes de las empresas de energía y de transporte, que sufrieron y siguen sufriendo el golpe a los bolsillos que significó el final —por supuesto, necesario— de esa subvención. 
Ø  Esto significa, en última instancia, que no hay modo de poner fin a la exuberancia del gasto sin incomodar en alguna medida a quienes son beneficiarios directos o indirectos de cada partida de gasto.
Ø  Otro sofisma es la idea de que si toda la economía se formalizara, no habría desequilibrio.
Ø  En primer lugar no hay razón para asumir que, si se ensanchara el universo de contribuyentes efectivos, no aumentaría también la apetencia por gastar. De hecho, los últimos 25 años así lo confirman.
Ø  Por otro lado, se pierde de vista que eliminar la economía informal sería incluso contraproducente.
Ø  La existencia de la economía informal no es casual ni es simple resultado de una vocación por no pagar.
Ø  Tiene más bien, directa relación con los niveles de carga fiscal, costo y productividad argentinos.
Ø  Para ser concretos: a estos niveles de presión impositiva una multitud de actividades lícitas que componen la economía informal, si se formalizaran, se volverían literalmente inviables. Llegado ese punto, la actividad económica colapsaría; y con ella, el Estado.
La adicción por gastar el dinero de los contribuyentes y el crónico desequilibrio fiscal constituyen el corazón de todos nuestros problemas (inflación, recesión, endeudamiento, atraso cambiario, etc); su solución requiere, necesariamente, abordar la integralidad del presupuesto estatal.
Ø  No queda hoy renglón de gasto que no esté desbordado y que no deba ser puesto en caja.
Ø  Para lograr una mejora real y sostenible debe encararse una reformulación del Estado, su estructura y la forma en que gasta, poniendo límites claros a la capacidad de aplicar impuestos. 
Ø  La metástasis estructural es la que llevó el gasto ordinario a escalar alturas nunca vistas.
Ø  Y es el grueso del gasto ordinario el que resulta, precisamente, más inflexible a la baja y que tiene una tendencia natural a su crecimiento vegetativo.
Ø  Las erogaciones que presentan mayor flexibilidad para ser recortadas componen apenas una quinta parte del gasto total; entre ellas se cuentan las obras de infraestructura y equipamiento, renglones muy atrasados que necesitan más bien crecer.
(*) Agustín Monteverde. Economista. Socio cofundador de la consultora de análisis macroeconómicos Massot & Monteverde y de su newsletter InC. Artículo publicado en Urgente 24 el 3 de Agosto de 2017

Populismo K: otro bombero pirómano

Por Iván Carrino (*)

Los que incendiaron el país ahora se asoman con el camión rojo y la sirena encendida.
Son las dos de la mañana. Un  señor que va caminando por la calle, observa a unos 100 metros de él un auto estacionado a la mitad de la cuadra. Se aproxima al vehículo, saca de su mochila un bidón de combustible y lo derrama íntegramente sobre el automóvil. Segundos después, arroja un fósforo encendido.
Sale corriendo. Hace dos, cinco, hasta diez cuadras.
Llega al cuartel y da aviso a sus compañeros. Allí, los bomberos encienden las sirenas y el camión cargado de agua. El pirómano pasa por el vestuario, se pone el casco, la ropa ignífuga y se suma al convoy. Una hora más tarde, el fuego está apagado y la situación controlada. Quién incendió el auto permanece como un  misterio.
La situación descripta, está claro, no es algo que ocurra de manera frecuente. Los bomberos no son precisamente personas que disfruten incendiar autos ni casas. De hecho, más bien lo contrario, son apasionados por apagar esos incendios.
Pero, cada tanto, puede ocurrir que haya un bombero pirómano.
Ahora donde es más frecuente encontrar este tipo de personajes es en la arena política. Allí los bomberos pirómanos son moneda corriente. Primero encienden el fuego, luego desaparecen por un rato. Finalmente, se postulan como los únicos capaces de apagarlo.
Obviamente, el populismo es una expresión flagrante de este tipo de ayudas que destruyen.

Así no se puede seguir

El principal slogan de campaña del partido Unidad Ciudadana, que dirige Cristina Fernández de Kirchner, es que “así no se puede seguir”. Claro, una vez que incendian el auto se quejan porque se está prendiendo fuego.
Es que, no casualmente, cuando el kirchnerismo fue gobierno generó la inflación más alta desde la salida de la convertibilidad. Ahora que esa inflación se refleja en los precios  de los consumos populares, “así no se puede seguir”.
Cuando los que ahora se ocultan bajo la Unidad Ciudadana gobernaron el país, multiplicaron por 13 la emisión monetaria. Ahora que eso se materializa en la inevitable caída del poder de compra del salario, “así no se puede seguir”.
Cuando el kirchnerismo estuvo en el poder, se consumió todos los recursos públicos, y transformaron un superávit de 3% el PBI en un déficit de 6%. Cuando la contrapartida inevitable de ese déficit –la deuda pública– comienza a crecer, “así no se puede seguir”.
Cuando estuvieron en el poder, destruyeron el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos para que les entregara cifras fantasiosas. Una vez que los números se corrigen y surgen de la investigación profesional, el estado calamitoso de la economía sale a la luz… y “así no se puede seguir”.
Además, el gobierno kirchnerista protegió a la industria nacional a punto tal de hacerla incapaz de competir con el mundo. Una parte de ella solo sobrevive gracias al subsidio estatal y los extravagantes precios que nos cobran a los consumidores. Si alguien quiere modificar aunque sea levemente este esquema, “así no se puede seguir”.
Por último, cuando gobernaron el país combinaron la más elevada inflación con exhaustivos controles de precios que ahogaron al sector energético nacional. Ahora, cuando los precios reflejan la escasez y saltan respecto de la ficción que se imponía, la gente se enfrenta a la realidad, y “así no se puede seguir”.
La estrategia del populismo es clara: plantar una bomba a punto de estallar; dejar que le estalle al gobierno siguiente y luego postularse como el salvador de la patria.
Es perverso. Pero, además, imposible que ocurra.

Bomberos con nafta

¿Qué pasaría si los bomberos del ejemplo inicial acudieran a la emergencia con mangueras llenas de nafta?  Claramente, no se apagaría nada, sino todo lo contrario.
Lo mismo pasa con el populismo K.
Todos los problemas que enfrenta Argentina hoy, como el déficit fiscal, la inflación elevada, la asfixia del sector privado, la crisis energética y la falta competitividad se originaron o se profundizaron durante (y por acción de) los tres períodos de gobierno kirchnerista.
Por si esto fuera poco, las propuestas que se ofrecen para resolver esos problemas, terminarán generando más de lo mismo.
Los que incendiaron el país ahora se postulan como salvadores de la patria. Pero solo proponen echar más nafta al fuego. Es hora de dejar de escucharlos.
(*) Iván Carrino es analista económico y director de Contreconomía. Además, edita El Diario del Lunes, el servicio de información económica y financiera más desafiante de Argentina. Te explica semanalmente cómo las decisiones de los políticos afectan tu bolsillo y tu libertad. Artículo publicado en Contraeconomía el 3 de Agosto de 2017.

¡Iremos por más!

Por Enrique Guillermo Avogadro (*) 

"La sangre no nos condena a ser ni creer nada pero impone que ciertos asuntos no puedan dejar de concernirnos" Lorenzo Silva
El jueves por la tarde miles de ciudadanos nos manifestamos ante el Palacio de Justicia para reclamar a la Corte Suprema, al Consejo de la Magistratura y a los jueces que asumieran ya mismo los roles que la Constitución respectivamente les asigna y que dejen de ser cómplices y encubridores de la corrupción, cuando no socios de la misma. La marcha se vio dificultada no sólo por la demoradas obras en curso, que impidieron el uso de las plazas, sino por un insólito vallado dispuesto, por pedido del siniestro Presidente de nuestro tribunal supremo, que bloqueó prácticamente la calle Talcahuano, entre Tucumán y Lavalle.
Minutos antes de la hora fijada para el comienzo de la ceremonia, llegó desde Comodoro Py la noticia de la confirmación, por parte de la Sala I de la Cámara Federal de la prisión preventiva del eterno contador de los Kirchner, Víctor Manzanares, y de la ratificación del Juez Claudio Bonadío al frente de la investigación de la causa "Los Sauces", que tan mala sangre genera en doña Cristina y sus hijos. Eduardo Freiler, uno de sus integrantes, el ladrón auténtico, al menos tuvo la ¿decencia? de mantenerse leal al kircherismo votando en minoría en sentido contrario. De todas maneras, y pese a que era previsible, el fallo trajo algún alivio al ánimo de los presentes, una vez más de lamentablente muy alto promedio de edad. ¿Ignoran los jóvenes que lo hacemos por ellos?
La Asociación de Abogados por la Justicia y la Concordia se hizo presente e hizo oír su reclamo en pos de justicia para los dos mil militares presos, mantenidos en prisión por un Poder Judicial venal y vengativo que, para lograrlo, ha violado todas las normas constitucionales. Pese a que lo hizo frente a importantes letrados y algún presidente de otras sociedades de abogados, como el Colegio de Abogados de la Ciudad de Buenos Aires, ninguno de ellos se sumó al clamor; ignoro si lo hicieron por falta de coraje o por verdadera adhesión a la política caníbal que, al respecto, aún mantiene el Poder Ejecutivo, un importante grupo de asesinos togados y, por supuesto, la Procuración General de la Nación, a cargo de la inefable imputada Alejandra ¡Giles! Carbó.
Una prueba más de la morosidad de la Justicia se dio ayer mismo, cuando el Tribunal Oral Federal N° 1 debió absolver por prescripción a otro notorio delincuente, Amado Guitarrita Boudou, en la causa más insignificante de las varias que tiene en curso, la falsificación de los documentos de un auto para estafar a su ex mujer.
Sigo convencido que los inquilinos de Comodoro Py, en general, continuarán olfateando el viento para ver qué novedades traen las elecciones legislativas de octubre y, hasta conocer el resultado de las mismas, seguirán haciendo la plancha. Sin embargo, espero que la multitud que tanto los convirtió blanco de sus duras quejas el jueves los induzca a cambiar de actitud; si no lo hacen, habrá llegado la hora de reclamar su inmediato desplazamiento. Lo haremos cuando, finalmente, el Consejo de la Magistratura se desprenda de uno de sus miembros, el Senador por San Juan, Ruperto Godoy, un verdadero caradura que ni siquiera es abogado.
Para que ningún responsable de la podredumbre judicial se sienta tranquilo, iremos por más. Pronto no sólo repetiremos la del jueves sino aue también nos manifestaremos ante el Congreso, el gran aguantadero de corruptos y delincuentes de toda laya, para exigir la modificación de los códigos de procedimiento y la inmediata sanción de las leyes que se necesitan para llevar adelante, con eficiencia y rapidez, las investigaciones sobre las iniquidades cometidas durante tantos años, en especial la ley penal empresaria. Se lo debemos al 30% de nuestros conciudadanos que, después del período en que más dinero ingresó a las arcas públicas en la historia, se debate entre la miseria y la pobreza, carece de agua potable, de cloacas, de vivienda digna, de educación y de salud.
Pero hoy, como a todos los argentinos, el tema que más nos preocupa y debiera ocuparnos es la verdadera tragedia en que el comunismo cubano y chino, el imperialismo ruso, la teocracia iraní, la corrupción y el narcotráfico han sumido a la ensangrentada y hambreada Venezuela. Recordemos que, sólo desde mi nota anterior, han muerto veinte jóvenes más, asesinados por las fuerzas represivas de Nicolás Maduro.
El estruendoso silencio de doña Cristina, que llegó a otorgar la máxima condecoración argentina a este criminal, y de los organismos de falsos derechos humanos locales frente a lo que allí sucede no hace más que confirmar que, para todos ellos, los terroristas Perro Verbitsky y Jorge Taiana incluidos, los genocidas sólo pueden serlo si no pertenecen a su bando ideológico; el último, en delirio, no dudó en igualar las salvajadas de los rojo-rojillos, que matan con real munición a opositores desarmados, con el desalojo judicial de la planta de Pepsico, que dejó quince policías heridos y varios revoltosos resfriados, producto de la mojadura con mangueras en pleno invierno.
No debiera sorprendernos, porque ya pasó con Joseph Stalin, que se permitió asesinar a más de veinte millones de sus compatriotas para sojuzgar definitivamente a su pueblo mientras el mundo miraba para otro lado, y con Fidel Castro y el Che Guevara, fusiladores compulsivos transformados en íconos de las progresías mundiales. Evidentemente,  Néstor Kirchner tuvo razón, cuando el desconcierto de Ramón Puerta llevó a éste a preguntarle por qué se disfrazaba de zurdo; la respuesta fue contundente: "Ramón, la izquierda te da fueros".
El ridículo tirano caribeño terminó el viernes de ponerse a la democracia de sombrero, después de la más que fraudulenta elección del domingo pasado, al poner en posesión de sus cargos a los más de quinientos constituyentes que reformarán el engendro del propio Hugo Chávez para convertir a su país en una dictadura de partido único, como hicieron hace más de sesenta años los gerontes cubanos que aún mantienen esclavizada a la población de la isla. Me pregunto si con Venezuela permitiremos que suceda lo mismo y, dentro de algunas décadas, visitemos el país para ver in situ los logros de tales revoluciones imaginadas.
Tal como sabíamos que ocurriría, los sistemas internacional y regional han demostrado, y lo seguirán haciendo, su total incapacidad para poner fin al drama humanitario que azota a ese país y avergüenza al mundo entero. Por ello, tampoco significará demasiado la exclusión o la suspensión de los bolivarianos que los cancilleres del Mercosur resolverán seguramente hoy en San Pablo; lo mismo sucedió con las demoradas sanciones personales que los Estados Unidos impusieron a los mayores personeros del régimen, acusados de narcotráfico, o con la tibia condena que, muy tardíamente por cierto, expresó S.S. Francisco esta semana respecto a la violación de los derechos humanos más elementales que allí se practica.
Para terminar, reitero: ¡iremos por más!. El que avisa no es traidor.
Bs.As., 5 Ago 17
(*) Enrique Guillermo Avogadro. Abogado
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Fuente: Comunicación personal del autor

Iglesia vs libertad

Por Ricardo Valenzuela (*)

Del pensamiento económico del papa francisco, y su cruzada socialista mundial que mantiene a tantos católicos sin entender qué es lo que pasa con la iglesia.”
Desde que al papa Francisco asumió el poder que emerge del trono de la iglesia católica, de nuevo se abrió la lucha entre los que siempre han pensado la iglesia es enemiga de la libertad, los clásicos conservadores que se asilan en ella para llevar a cabo sus negocios, los príncipes de la iglesia que portan una teología que dejaría a los talibanes luciendo como angelitos celestiales. No es un secreto las tendencias socialistas que el Papa expone ya sin camuflaje, ante la algarabía de algunos y la preocupación de otros. La iglesia católica latinoamericana, durante mucho tiempo se ha identificado con el movimiento católico marxista conocido como La Teología de la Liberación, la cual el Papa Francisco, como buen jesuita, parece tener en sus oraciones especiales.
Después de que, como católico liberal, me di cuenta del pensamiento socialista del Papa, tratando de encontrar alguna explicación me di a llevar a cabo una investigación, especialmente para identificar el origen del pensamiento de Francisco. Un sacerdote católico de las filas liberales del Padre Sirico, me dio la explicación que me ha dejado satisfecho. “El Papa Francisco, me dice, además de ser Jesuita, es un gran admirador de la obra de Paulo VI y su muy socialista encíclica, Populorum Progressio, léela, y si la aguantas esa lectura, y ahí encontraras tu respuesta”. La respuesta la encontré en el extraordinario libro de Ayn Rand, “Capitalismo, el Ideal Desconocido”, puesto que dedica uno de los capítulos a ese tema, la encíclica “Populorum Progressio” (El desarrollo de la gente).
Ante la actitud del Papa, los católicos, religiosos y seculares, que comulgan con el socialismo cristiano, han salido de sus escondites y se preparan para la lucha. El gran problema estos momentos es la lucha de la libertad, ha sido la iglesia católica que con su gran autoridad tiene el poder para instalar programas —buenos y malos— en la mente de todos los miembros de las sociedades. La encíclica del papa Paulo VI, Populorum Progressio, es una muestra latente de lo que afirmo. El contenido de dicho documento me pareció la explosión de una gran emoción reprimida y no expresada durante muchos siglos, derribando la barrera que la iglesia hubiera construido cuando abandonaba el estilo cuidadoso y calculado de sus opiniones, para expulsar una serie de represiones bien guardadas.
La encíclica se muestra llena de odio hacia el capitalismo, profundas palabras llenas de cierto diablismo apuntadas a un blanco, y que no son motivadas por pura política. Al referirse a la revolución industrial declara: “Es muy desafortunado que en esta nueva condición de las sociedades, la revolución industrial se haya construido sobre un sistema que considera las ganancias como su gran motivación para el progreso económico, competencia como la ley suprema de la economía, y la propiedad privada de los medios de producción, como un derecho absoluto y sin límites, y además se alce sin ninguna obligación social. El capitalismo ha sido la fuente de injusticias y conflictos fratricidas. Sería erróneo culpar nada mas a la industrialización de lo diabólico que solo corresponde al sistema que la acompaña”.
Ahora yo pregunto ¿Cuáles son los sufrimientos, injusticias y conflictos fratricidas causados por el capitalismo? ¿Qué sistema social pasado o presente, tiene mejor record frente a esos verdaderos sistemas diabólicos? ¿El feudalismo de la edad media? ¿La monarquía absoluta? ¿El socialismo, fascismo o comunismo? ¿La economía mixta de México? No hay respuesta. Si no hay una conexión entre capitalismo y el progreso de la humanidad, el bienestar, y el nivel de vida, ¿por qué los países que lo practican tienen en esos aspectos niveles mucho más altos que otros, como los países africanos, latinoamericanos, los del medio oriente que no tuvieron la suerte de nadar sobre petróleo? Si se considera el gran sufrimiento, injusticias y fratricidio del capitalismo, ¿en qué aspectos pueden ubicar al capitalismo en el mismo nivel del terror y asesinatos masivos de la Alemania Nazi o la Unión Soviética? ¿De la destrucción y miseria de Venezuela?
La iglesia se preocupa profundamente por los legados de la historia y principios políticos fundamentales, pero no discute, y menos condena, ningún otro sistema social y solamente arremete contra el capitalismo. Entonces debemos concluir que todos los demás sistemas son compatibles con la filosofía política de la iglesia católica. Y esto es soportado por el hecho que condena el capitalismo, no por pequeñeces o algunas miniaturas características, sino por su esencia, que no son las bases de ningún otro sistema económico: La motivación por las ganancias, la competencia, y la propiedad privada de los medios de producción los que, si no existen en cualquier economía, está totalmente condenada al fracaso y a generar miseria para las sociedades, y los ejemplos ya los citamos.
Pero, ¿sobre qué bases morales la iglesia juzga un sistema social? Porque al capitalismo lo acusa con frases como ésta: “El deseo por satisfactores ante las necesidades es legítimo, y el trabajo para obtenerlos es un deber. Si un hombre no trabaja, que no coma. Pero la adquisición de bienes temporales se puede convertir en ambición, en un insaciable deseo de obtener más, y el poder para lograrlo se convierte en una peligrosa tentación. Individuos, familias y naciones pueden sucumbir en la avaricia, sean ricos o pobres, todos se convierten en víctimas del materialismo”.
La biblia desde sus primeras páginas nos enseña que todo lo que Dios ha creado es para el hombre, y es su responsabilidad el desarrollarlo con su esfuerzo inteligente, con su trabajo, perfeccionarlo para su uso. Pero la iglesia afirma: “Dios creó la tierra y todo lo que contiene para el uso de los seres humanos. Así, los hombres guiados por justicia y caridad, que entiendan, los bienes creados deben abundar para ellos sobre bases razonables. Todos los demás derechos, incluyendo derechos de propiedad y libre comercio, deben de estar subordinados a estos principios”. Es decir, la gran frase de Adam Smith: “No por la benevolencia del carnicero, del panadero y del lechero, es que tengo la cena sobre mi mesa. Sino por su ambición de obtener una ganancia, y al perseguir ese legítimo objetivo, sin proponérselo también están logrando el beneficio de la comunidad, siempre guiados por esa mano invisible”, es una abominación.
Continúa la encíclica: “Es bien conocida la fortaleza de las palabras utilizadas por los padres de la iglesia para describir la actitud propia de los que poseen todo, hacia quienes están en necesidad”. Palabras de san Ambrosio: “Tú no estás haciendo un regalo de tus posesiones a los pobres. Le estás entregando lo que es de ellos. Porque lo que ha sido dado en comunidad es para el uso de todos, y tú te lo has arrogado. El mundo es de todos, no solo de los ricos. La propiedad privada no constituye un absoluto derecho para nadie. No se justifica que alguien tenga para su uso lo que no necesita, cuando otros tienen grandes necesidades”.
Parece ser que esas son las ideas que dan base al pensamiento económico del Papa Francisco, y su cruzada socialista mundial que mantiene a tantos católicos sin entender qué es lo que pasa con la iglesia.
(*) Ricardo Valenzuela. Economista libertario y banquero de inversiones, ganadero de Sonora. Artículo publicado en “Asuntos Capitales” el 2 de Agosto de 2017

Última llamada

Por Enrique G. Avogadro (*) 
“La probabilidad de perder en la lucha no debe disuadirnos de apoyar una causa que creemos que es justa”. Abraham Lincoln
El miércoles por la noche, ese maloliente aguantadero en que se ha convertido el Congreso por obra y gracia de los representantes que hemos elegido durante años, confirmó la validez de esa descalificación y dio una nueva prueba de cuánta impunidad se garantiza en la Argentina a los corruptos; en especial, a aquéllos que conservan muchas “carpetas” y pueden transformarse en delatores, comprometiendo tanto a sus mandantes ex presidentes cuanto a sus cómplices de toda laya, sean gobernadores, intendentes o empresarios. Con la difusión de la lista de quienes votaron en contra de la exclusión de la Cámara del máximo operador de los Kirchner, la última esperanza de condena social se cifra en los votantes, ya que muchos de los “protectores” de ese impar delincuente se presentarán ahora buscando la reelección.
Por el contrario, la exposición en que se encontraba obligó a la Sala de feria de la Cámara Federal de Apelaciones en lo Criminal, integrada por Jorge Ballestero y Eduardo Freiler (un tipo auténtico: es un ladrón y parece un ladrón), a abstenerse de liberar a Víctor Manzanares, el eterno contador de los Kirchner y, sobre todo, de desplazar al Juez Claudio Bonadío de la causa “Los Sauces”; en la medida en que el segundo no tiene prurito alguno en demostrar su fidelidad a Cristina Fernández y sus personeros, seguramente esa inacción se debió al prudente disenso del primero, preocupado por la negativa repercusión que hubiera tenido cualquier otra resolución. Ahora, la decisión sobre ambos temas deberán adoptarla, ya como Sala I y con el concurso de Leopoldo Bruglia, al regreso de sus vacaciones; es probable que entonces los fallos resulten contrarios a los intereses de la mafia que nos gobernó durante una década.
Para que eso suceda debe tener éxito la concentración del 3 de agosto; ésta es la última llamada, ya que faltan sólo cinco días y le ruego extreme la difusión. El lugar elegido hace tiempo está aún en obra, y deberemos manifestarnos con banderas y velas sobre las calles Talcahuano, Lavalle, Tucumán, Libertad y, también, sobre la Diagonal Norte, ya que las plazas propiamente dichas se encuentran valladas.
Allí exigiremos al Poder Judicial, en las figuras de la Corte Suprema y del Consejo de la Magistratura, que asuma de una buena vez el papel que la Constitución Nacional le asigna, y deje de ser el gran encubridor; su conducta durante las últimas décadas ha convertido a la República, cuya existencia misma se convierte en imposible sin Justicia, en el hazmerreir del mundo entero, en especial cuando se la compara con nuestros más cercanos vecinos.
Para morirnos de vergüenza es suficiente recordar el trámite impreso a causas como el crimen de Once, los atentados a la Embajada de Israel y la AMIA, la muerte de Alberto Nisman y el memorándum con Irán, el contrabando de armas a Ecuador y a los Balcanes (aún condenado, Carlos Menem irá por la reelección), la importación de chatarra ferroviaria, la privatización y la re-estatización de YPF y Aerolíneas Argentinas, el “dólar futuro”, Skanska y los gasoductos, IBM y el Banco de la Nación, los desaparecidos fondos de Santa Cruz, los bolsos del convento, la caja de seguridad de Florencia, la pesca en el sur y el contrabando de drogas, las rutas pagadas e inexistentes, los imperios hoteleros, las importaciones de gas, los medicamentos “truchos”, la intervención del INDEC y la falsificación de las estadísticas, Southern Winds y LAFSA, los diamantes de Angola, las varias valijas de Antonini Wilson, los negociados con Hugo Chávez y tantos otros casos emblemáticos.
Me resisto a flagelarlo, querido lector, y por eso no voy a inventariar otra vez qué sucede en toda la región, salvo en la trágica Venezuela. Mañana mismo, el régimen que encabeza Nicolás Maduro rezará el responso final por la democracia en su país, que será enterrada con la “elección” de una convención constituyente que le permitirá perpetuarse en el poder, sobre el asesinato de más de cien compatriotas, de miles de presos políticos, de la hambruna generalizada y de la quiebra de la economía.
La situación interna ya reviste carácter de genocidio -¿nuestros organismos de derechos humanos continuarán con su silencio cómplice?- por la falta de alimentos y medicinas, y además está produciendo una crisis humanitaria en los países fronterizos, como Colombia y Brasil, por el éxodo de miles de venezolanos que sólo pretenden sobrevivir.
Pero todo ello no ha influido sobre el ánimo de la sociedad civil que, con inmenso coraje, sigue enfrentando pacíficamente, todos los días, la violenta represión del Ejército y de paramilitares armados por el mismo Gobierno, potenciados por decenas de miles de “asesores” cubanos. Además, se ha incluido en los documentos personales de los ciudadanos un código QR, que permitirá al régimen saber con exactitud cómo votarán, por lo cual todos los empleados públicos y los beneficiarios de planes sociales estarán sometidos a una coerción extrema.
La salida final de la crisis venezolana, que tanto expone la ineficacia de las organizaciones internacionales –en especial del Mercosur, cuya declaración condenatoria fue bloqueada por Uruguay y contó con la abstención de Bolivia- es de muy difícil predicción, y es harto probable que termine en una guerra civil. Las fuerzas armadas venezolanas, vinculadas al contrabando y el narcotráfico, están equipadas con los medios de combate más modernos, suministrados y operados por cubanos, y no tendrán empacho alguno en masacrar a la población puesto que, si el chavismo perdiera el poder, se cortaría la última posibilidad del comunismo isleño de sobrevivir.
Describir ese escenario obliga a pensar en qué hubiera podido pasar en la Argentina si Daniel Scioli (seguramente ya habría sido desplazado) y Carlos Zannini hubieran vencido en 2015, acompañados nada menos que por Anímal Fernández y Martín Sabbatella desde la Provincia de Buenos Aires. Hoy, con seguridad, nuestro país se hubiera convertido en una réplica de lo que sucede en Venezuela y en México. Si hoy el kirchnerismo estuviera en el poder, la crisis terminal que legó a su sucesor –y que éste erróneamente se abstuvo de explicitar- ya habría estallado y los violentos carteles, como sucede en Rosario y en el Conurbano, estarían luchando por territorios y monopolios, llenando de cadáveres las calles de todo el país.
Para comprobarlo basta con observar la situación en provincias como Formosa, Tucumán, Santiago del Estero y, en especial, Santa Cruz, gobernadas por verdaderos señores feudales desde siempre. En todas ellas, campea la más abyecta inmoralidad, se roba sin tasa ni medida y los narcotraficantes encuentran verdaderos paraísos. Nefastos personajes como Ricardo Jaime, José López, Julio de Vido y Cristina Fernández estarían gobernando, mientras “empresarios” como Lázaro Báez, Cristóbal López, Gerardo Ferreyra (Electroingeniería), los Eskenazy, o Sergio Spolsky seguirían haciendo de las suyas a costa de todos los demás.
Por todo eso, para recuperar la Justicia, hago esta última llamada para el vuelo que saldrá el #3A hacia una Argentina mejor. No lo pierda porque, si lo hace, deberá preguntarse si no es usted también cómplice.
Bs.As., 29 Jul 17  
(*) Enrique Guillermo Avogadro. Abogado
E.mail: ega1@avogadro.com.ar
E.mail: ega1avogadro@gmail.com
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Blog: http://egavogadro.blogspot.com
Fuente: comunicación personal del autor

La guerra contra la pobreza: ¿dónde está el plan militar?

Por Diana Ferraro (*)

La pobreza en la Argentina existe sólo por la enorme desorganización del país, por la haraganería en pensar en cómo solucionar los problemas, y por la escasa voluntad de ejecutar con eficiencia.
El tema del aumento de pobres en las últimas décadas aparece en forma muy insistente tanto en los discursos de campaña como en los periódicos, radio, televisión, y, en menor medida, en las redes sociales. Sin embargo, más allá de adjudicar los pobres a una política económica u a otra, aún intentando diferenciar la complejidad del tema, poco se habla o se dice de cómo comenzar a solucionar el problema.
El nuevo gobierno, del mismo modo que los anteriores, debe hacerse cargo de un territorio con aproximadamente 13 millones de pobres, es decir gente en condiciones de vida muy precarias, muchas veces sin una vivienda mínimamente digna, sin trabajo, sin educación y sin servicios de higiene o salud. Las soluciones que han aparecido son los planes sociales, dinero entregado directamente a esas personas, o la promesa de que las condiciones mejorarán cuando la economía crezca, haya más trabajos, etc. etc. Las opiniones y promesas, ya todos las conocemos.  Lo que no vemos, frente a un problema de esta magnitud es la voluntad de encararlo como un todo con una planificación adecuada que en unos pocos meses elimine lo endémico de la situación e invente rápidamente una solución primaria que vaya retroalimentándose hasta terminar con el problema y contar con 13 millones de personas más sanas, medianamente educadas y con un oficio o profesión. Si se trata de una guerra, como tantas veces se dice desde el Gobierno y la oposición, ¿no haría falta entonces un plan militar a ser ejecutado sobre el territorio que ocupa esa población? Es decir un plan semejante al que un ejército de ocupación eficiente organizaría en un territorio amigo devastado al cual se quiere ver progresar. Digamos, Alemania o Japón después de la Segunda Guerra Mundial.
 Sí, la urbanización de las villas es el primer paso correcto, la creación de más redes de agua y cloacas que aquí y allá acompañan el proceso, también. Pero hace falta mucho más: enmarcar estas buenas políticas parciales dentro de un plan más general.
Cuando se piensa que si la economía mejora, la pobreza disminuirá no se piensa bien, ya que se omite todo lo endémico de esta pobreza y aquello  que en primer lugar llevó a esta situación:  la desatención básica original de algunos grupos de personas, a los que se fueron sumando inmigrantes de países vecinos, creando así una inmensa masa de desatendidos que no ha dejado de multiplicarse en el tiempo. ¿Cómo procedería un plan militar para crear orden y seguro progreso al servicio de estas masas, por un lado, y al servicio secundario del resto de la población que no tiene por qué padecer las consecuencias de esta masa abandonada a sí misma(salvo por la limosna de los planes) y sin organización? En primer lugar, a organizarla territorialmente, lo cual supone un plan descentralizado con unidades que funcionen independientemente de un plan nacional inspirador pero no ejecutor. 
Las reformas necesarias para poder llevar a cabo este plan son las siguientes:
1) Reforma tributaria federal, de forma que los recursos no sean administrados a nivel nacional—excepto aquellos que sean necesarios para asegurar la administración específicamente nacional—y con la cesión equitativa de recaudación e impuestos y capacidad de endeudamiento en los niveles provincial, municipal y—una novedad—las unidades de rescate.
2) Creación de las unidades de rescate, financiadas primariamente con préstamos nacionales o internacionales a escala provincial o municipal. Cada unidad de rescate es una entidad autosuficiente y cooperativa en la cual los participantes serán los encargados de la construcción de viviendas, gestión de comedores, y diversas tareas de mantenimiento y uso dentro del predio o territorio asignado, y obligados—todos—a asistir a una escuela de formación básica en distintos niveles para niños, adolescentes y adultos y a cursos breves de higiene y salud a impartirse en la obligatoria sala de primeros auxilios de cada unidad. Las unidades de rescate pueden funcionar dentro de barrios ya existentes que serán demarcados territorialmente para fijar tanto la unidad como los residentes que pertenecen a ella y las tareas que deben ejecutar.
3) Registro nacional, provincial y municipal de personas en la pobreza de modo de establecer el lugar y población de las unidades de rescate.
4) Eliminación de los subsidios y planes nacionales, provinciales y municipales, y creación de la tarjeta Pertenecer, a través de la cual cobrarán un sueldo por el trabajo realizado en la unidad, y--esto seguiría como en la actualidad--la asignación universal por hijo.
5) Creación de una primera línea de créditos en el Banco Nación alimentada en primera instancia con el dinero que actualmente se deriva a los subsidios. Estas líneas de crédito serán alimentadas inmediatamente después con el ahorro y recursos productivos de las unidades de rescate, con los impuestos de las personas y actividades y negocios  agregados a la economía general, con gestión de financiación genuina en la banca privada, nacional o internacional, etc.
6) Reforma laboral y sindical que permita que, lo que los afiliados a los sindicatos puedan perder por leyes más flexibles, puedan ganarlo a través de la cooperativización sindical de los seguros de desempleo y una economía más libre no sujeta a abusos laborales y, por lo tanto, más móvil y creadora de empleos.
7) Facilitar la colaboración entre las unidades de rescate y los sindicatos de modo que éstos puedan ofrecer formación profesional y primera inserción laboral con certificación formativa.
8) Alentar a las cámaras de comercio e industria a crear planes de formación para oficios en desuso que puedan ser rehabilitados como valor agregado (p.ej. bordadoras para industria textil y de la moda; carpintería fina, etc.) y a colaborar en general en la dignificación de todas las artes y oficios, en particular los de alta demanda, como los servicios de enfermería, cuidado de niños y adultos mayores, etc.
9) Alentar a las cámaras profesionales a crear sistemas de promoción y becas para aquellos jóvenes de las unidades de rescate que demuestren cualidades sobresalientes para el estudio.
10) Desalentar la inmigración desde los países vecinos hasta que nuestra economía pueda absorberlos, y compartiendo este plan y técnicas de ejecución con esos países de modo que ellos puedan absorber esos mismos potenciales inmigrantes.
Como todos los planes eficientes, el plan nacional de creación de centenares de unidades de rescate en el todo el país, requiere un comienzo fácil de ejecutar y sin demasiado costo, al cual puedan ir agregándosele armónicamente las diferentes capas de pertenencia, cuidado, formación y desarrollo:
1.    Registro de las personas que formarán parte de estas unidades y definición y ubicación territorial de estas unidades.
2.    Rápida ubicación o creación de las escuelas y centro de salud dentro de la unidad de rescate.
3.    Emisión y entrega de la tarjeta Pertenecer con la respectiva identificación y bancarización de la persona y firma del contrato con la unidad de rescate.
Este principio de organización pondría inmediatamente en marcha el plan que este gobierno podría llamar, como lo hacía en campaña, Pobreza Cero, integrando en modo simbólico a los 13 millones de pobres a un camino de progreso.
Conseguir las leyes para las reformas puede resultar un poco más arduo, pero no si las unidades de rescate se crean por decreto en los niveles provincial y territorial, donde se pueden obtener leyes locales que zanjen la posible lucha política en el Congreso Nacional.  
Aunque, claro, quien tenga la iniciativa y audacia para iniciar y liderar este plan, seguramente no carecerá de la habilidad política para encontrar los socios que, más tarde, también se beneficiarán con el progreso conseguido. 
(*) Diana Ferraro. Escritora, periodista y analista política. Artículo publicado en su blog personal el de Julio de 2017